Cuando en marzo de 1904 J. Castro, Fábrica Hispano-Suiza de Automóviles, cierra sus puertas, Francisco Seix, empresario barcelonés del sector de las artes gráficas, gran aficionado a los automóviles y que había probado los coches de Birkgit (primero un La Cuadra y más tarde un Castro), habla con Damián Mateu Bisa, abogado y empresario del sector metalúrgico, a fin de convercerle para comprar las instalaciones de la empresa de Castro y dedicarse al negocio del automóvil. Mateu era uno de los afectados por el cierre de Castro, pues se encontraba en la situación de acreedor de la extinta empresa en virtud del suministro de hierro y acero efectuado por su empresa, Hijo de Miguel Mateu. Damián Mateu habla con Birkgit, en quien Seix tiene depositada una gran confianza. Como resultado de estas conversaciones iniciales aparece el 1 de abril de 1904 un estudio de viabilidad en el que se hace un exhaustivo estudio de los motivos por los que tanto La Cuadra como Castro han fracasado en sus intentos, y se presenta el proyecto de un nuevo automóvil, denominado 'acorazado'. Básicamente el estudio concluye que el gran problema de las anteriores empresas fue la falta de recursos financieros suficientes para hacer frente al desarrollo de prototipos y la compra de maquinaria adecuada. Con el nuevo proyecto de vehículo diseñado por Birkgit, se propone un capital de 500.000 pesetas como base de partida para la nueva empresa. El estudio aparece firmado por los propios Damián Mateu y Francisco Seix, además de Salvador Andreu, Martín Trías Domenech y Tomás Recolons Lladó. El 14 de junio de 1904 queda constituída de forma definitiva la nueva sociedad: La Hispano-Suiza, Fábrica de Automóviles, Sociedad Anónima.


Damián Mateu
Marc Birkigt
Modelos
Competición



Aunque una de las bases establecida en el documento inicial era la posibilidad de no acometer la empresa si en el plazo de dos meses no se conseguía la suscripción de la mitad de las acciones, se procedió a la constitución de la sociedad ante el notario de Barcelona D. Carlos Soldevilla, aunque de las 500 acciones iniciales, con un valor nominal de 500 pesetas, quedaron 176 en cartera, siendo el desembolso inicial de tan solo 162.000 pesetas. Al día siguiente, 15 de junio, se procede a la primera reunión en la calle Floridablanca, en las instalaciones de J. Castro. Asisten a la misma Damián Mateu Bisa, Rodolfo Juncadella Uliva, Román Batlló Suñol, Tomás Recolons Lladó, Francisco Seix Zaya, Sixto Quintana Tuset, Martín Trías Doménech y José Víctor Solá Andreu, que junto con Bernardo Garau Cánaves, que no puede asistir por no encontrarse en la ciudad, conforman el Consejo de Administración de La Hispano-Suiza. El primer asunto tratado es la distribución de cargos, siendo elegidos: Damián Mateu, presidente; Francisco Seix, vicepresidente y Martín Trías, secretario; a su vez se nombró a Enrique Trías Doménech administrador y a Marc Birkigt director técnico, con un sueldo de 500 pesetas mensuales y una participación del 10 por ciento en los beneficios de la empresa. Se decide también adquirir los materiales sobrantes de J. Castro (máquinas, utensilios, mercancías, muebles, vehículos) por un precio de 82.000 pesetas (62.000 en metálico y el resto en acciones de La Hispano-Suiza). Se continúa también con el arrendamiento de las instalaciones de la ya desaparecida empresa, en la calle Floridablanca, obteniendo una importante rebaja a cambio del compromiso de un periodo de 5 años de continuidad. Inmediatamente se empezó a trabajar en la reorganización de los talleres, y en apenas dos semanas comenzó la actividad de la nueva empresa; apenas habían pasado 3 meses desde el estudio inicial a la puesta en marcha de las actividades industriales. Los estudios previos de Birkigt habían marcado ya la gama de vehículos a fabricar bajo la denominación Hispano Suiza: 5 modelos de 10, 14, 20, 24 y 30 HP, con motores de 4 cilindros y descendientes directos del modelo 14 HP de Castro. Según el análisis previo, el modelo 10 HP estaba destinado a desplazamientos cortos en población, con tan solo un peso de 600 Kg. Los modelos 14 y 20 HP están previstos para población y desplazamientos medios. Y finalmente, los modelos 24 y 30 HP son los destinados a largos desplazamientos. Para todos ellos se asegura una gran solidez, potencia, funcionamiento silencioso y un precio notablemente inferior a los coches importados.

© La Hispano-Suiza

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En las mismas instalaciones de Castro de la calle Floridablanca 54-60, con el despacho en el número 33 de la calle Cruz Cubierta, comenzaron los trabajos de la nueva empresa. En un primer momento la actividad se centró en acabar los automóviles Castro que habían quedado pendientes. Así, a finales de este año 1904 se habían entregado dos Castro de 10 HP, más dos nuevos Hispanos de 14 HP. Al tiempo que se trabajaba en la liquidación del material antiguo de Castro, Birkgit ya estaba trabajando sobre los nuevos proyectos, basados en el concepto 'acorazado'; este concepto, ideado por el ingeniero suizo, hacía que el motor se acoplara de forma perfecta al chasis, impidiendo la entrada de polvo al compartimiento motor y dando una mayor rigidez al conjunto motor-chasis. Curiosamente el primer automóvil fabricado bajo la marca Hispano Suiza es exportado: se trata de un modelo 14 HP que es entregado el 2 de noviembre a su propietario, Ciriaco Irigoyen, domiciliado en la localidad argentina de Villanueva; el precio de este primer Hispano-Suiza fue de 14.000 pesetas. El segundo Hispano Suiza construido, también un 14 HP, se quedará en España, entregado a su propietario, Enrique Bartroli, y carrozado como tonneau por la empresa José Ferré. Ese año 1904 se cerró además con 12 contratos de venta más, y con los contratos de 4 concesionarios de la marca, uno en Argentina para Ciriaco Irigoyen y tres en Barcelona para Francisco Serramalera Abadal, Domingo Balet y Salvador Miracle, aunque el contrato de Balet fue rescindido a principios del año siguiente. También en este primer año se inician campañas de publicidad en prensa, utilizando como reclamo la obra de Ramón Casas 'La dama del visón', que fue comprada a tal efecto por la empresa, y que será una de las marcas identificativas de La Hispano-Suiza en el futuro, incluyéndose también en la impresión de las acciones de la compañía. La cosa marcha tan bien, que en diciembre Birkigt propuso al Consejo de Administración una subida de su salario, que le fue concedida. Aunque se planteó la posibilidad de que La Hispano-Suiza acudiera al Salón del Automóvil de Paris, en diciembre de 1904, la falta material de tiempo desestimó esta propuesta. Sí que viajó a París Marc Birkigt, quien volvió de la capital gala convencido de que sus automóviles hubieran tenido un papel destacado en aquel certamen.

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En los primeros días de enero de 1905, se entregó el primer modelo 20 HP, adquirido por Ignacio Fontcuberta, modelo que será sin duda el de más éxito de esta primera serie de La Hispano-Suiza. Con un 20 HP Birkigt viajará sin problemas a Francia, a Suiza y a Italia, demostrando sobradamente la robustez del modelo. Será con uno de estos modelos con los que se iniciarán también los éxitos en la competición, siendo el primer logro la victoria y el récord en la subida a La Rabassada, en el mes de enero, con Francisco Abadal como piloto. El nivel de pedidos en estos inicios de 1905 es tan bueno, que se ha de plantear la compra de maquinaria y la ampliación de espacio, para lo cual se decide cubrir el patio de la fábrica, y para sufragar los gastos se ponen a la venta más acciones de las que todavía quedaban en cartera. A mediados de año el espacio se queda corto, y se ha de plantear el alquiler de unos terrenos contiguos a la fábrica, así como el lanzamiento de una segunda emisión de 500 acciones, con un valor nominal de 500 pesetas por acción, al igual que la primera serie. El 14 de junio se cumple el primer aniversario de la fundación de la empresa, que se decide celebrar con una excursión desde Barcelona hasta la localidad de Olesa de Montserrat, a unos 35 Km. Una motocicleta y dieciseis automóviles, once de ellos Hispano-Suiza, completaron la ruta, compartiendo en Olesa una comida en la que se brindó por ese primer exitoso año. En agosto Birkigt viajó a Ginebra, acompañado por el agente comercial de la marca, Ernest Stofler, cerrando un convenio por el que la Société d'Automobiles à Génève adquiría los derechos de fabricación bajo licencia de La Hispano-Suiza. La falta de tiempo, debido al intenso trabajo, impidió de nuevo que en este año 1905 la empresa acudiese al Salón de Paris, y es que en este primer año completo de trabajo, La Hispano-Suiza entregó un total de 32 vehículos, 26 correspondientes al modelo 20 HP y 6 más del 14 HP, obteniendo además, unos beneficios de 42.384 pesetas.


© La Hispano-Suiza
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Como ya se ha indicado, a finales de 1904 se nombran los primeros concesionarios de la marca, siendo uno de ellos el de Francisco Serramalera Abadal. Sin lugar a dudas será una de las personas que más contribuirá al éxito de La Hispano-Suiza mediante dos campos totalmente diferentes, aunque ligados entre si: la publicidad y la competición. En competición, como ya hemos citado, en enero de 1905 establecería con un 20 HP un nuevo récord en la subida a La Rabassada, al que seguirían otros muchos éxitos y récords, lo que contribuyó al conocimiento general de la marca y sus modelos, y a su evidente buen funcionamiento. En el campo de la publicidad, Francisco Abadal era sin duda un especialista, y conseguiría con sus métodos que el mismísimo Rey Alfonso XIII conociera y se convirtiera en un habitual de la marca barcelonesa. En abril de 1905, sabedor de que S.M. Alfonso XIII se encuentra en viaje por tierras valencianas, Abadal se coloca a los mandos de un 20 HP y marcha al encuentro del Rey. Será en una excursión en automóvil al castillo de Sagunto donde Abadal aprovechará para adelantar a la comitiva real, que incapaz de seguir a aquel desconocido automóvil, llegará posteriormente al castillo, donde el Rey se interesó por aquel automóvil, descubriendo por Abadal que se trataba de un Hispano-Suiza fabricado en Barcelona. Pero no contento con esto, en noviembre de este mismo año, Abadal llevó a Madrid un 20 HP para que fuera probado en persona por el Rey, que lo condujo hasta El Escorial, y quedó tan satisfecho de su manejo que encargó en aquel mismo momento un ejemplar. Este primer modelo 20 HP para Alfonso XIII llevaría el chasis número 50 y fue carrozado por los talleres Francisco Vidal de Barcelona como limousine-landaulet, interviniendo el propio monarca en el diseño. Pocos meses más tarde pediría un modelo 40 HP, y, así sucesivamente, la Casa Real fue adquiriendo con el tiempo diversos modelos de la marca, hasta un total de diecinueve. No quedaría ahí la relación entre Alfonso XIII y La Hispano-Suiza; en 1910, y a través del Conde de Maceda, el Rey compró 250 acciones de la empresa, cuyos beneficios reinvirtió siempre en la misma, participando además en las ampliaciones de capital de 1915 y 1916, llegando a poseer el 8% de las acciones de la marca.
La boda real que tendría lugar al año siguiente, el 31 de mayo de 1906, congregó a numerosos 'chauffeurs' con sus automóviles, que veían en la figura del rey a su máximo exponente y defensor, de hecho se le consideraba como "el primer chauffeur de España". Se llegó a plantear la idea de una carrera Barcelona - Madrid, la Copa de España, pero finalmente se desestimó y se realizó una simple caravana turística. El propio Abadal encabezó una comitiva de 12 coches que partió de Barcelona (4 de ellos Hispano-Suiza), a la que se unirían 6 vehículos más durante el trayecto (3 Hispano-Suiza). En Madrid, la caravana que se organizó previa al enlace nupcial, el día 28, constó de más de 150 vehículos.
En 1906 se empieza con la ampliación de la red comercial, con nuevos concesionarios en lugares como Granada, Madrid o Toulouse, éste último de la mano de Francisco Abadal. En mayo, unos cambios promovidos por el Gobierno en los aranceles para los vehículos importados, que favorecen notablemente a los importadores, causan malestar en el Consejo de Administración de La Hispano-Suiza, que decide interponer recurso ante la Junta de Aranceles, y al tiempo enviar a Madrid a Francisco Seix y a Sixto Quintana para que realicen los gestiones necesarias. Pero surge la figura de Mateu, quien cree que lo oportuno es plantear una gran ampliación de la fábrica, de cara a aceptar los retos de futuro, y convertir a La Hispano-Suiza en una gran empresa capaz de competir al mismo nivel con otros constructores de mayor implantación y renombre. De esta forma, en Junta Extraordinaria de Accionistas celebrada el 10 de junio de 1906, se acuerda aumentar el capital social en un millón de pesetas, mediante la emisión de 2.000 acciones de 500 pesetas. En el mes de julio La Hispano-Suiza comenzaba sus incursiones fuera del automóvil, con la construcción de un motor marino de 20 HP a petición de los prácticos del puerto de Barcelona. Por estas fechas se contrataría como chauffeur a un italiano nacido en Milán, Paolo Zuccarelli, quien habría en un futuro próximo de dar no pocas satisfacciones a la marca en su vertiente deportiva. Por fin, en este año 1906 se plantea con tiempo y éxito la presencia de la marca en el Salón del Automóvil de Paris. Acudieron al evento Birkigt, quien realizó el viaje desde Barcelona hasta París a bordo de un 40 HP con Zuccarelli, Seix, Abadal y José Puntas, director comercial de la marca. A la cita se acudió con dos chasis un 20-24 y un 40 HP, además de varios coches que en el exterior del recinto estaban dispuestos para ser probados. El éxito fue total, y el insigne periodista de la época Charles Faroux quedó tan impresionado que se convirtió en uno de los más activos defensores e impulsores de la marca hispana.
De esta forma 1906 acabó con nuevos beneficios de 94.138,75 pesetas, aunque la producción respecto al ejercicio anterior, prioridad absoluta de la empresa, tan solo aumentó en 5 unidades, es decir, un total de 37 unidades repartidas entre los modelos 14, 20 y 40 HP. Para 1907 se fijaron nuevos precios para el modelo 20-24 (15.000 pesetas) y para el 40 (22.000 pesetas). Recordemos que estos precios correspondían al chasis, al que se había de añadir posteriormente la carrocería a gusto del comprador en algunos de los múltiples artesanos dedicados a esta labor. El nuevo año 1907 empezaba con una prioridad para La Hispano-Suiza, la búsqueda de unos terrenos apropiados para construir la nueva fábrica, la que había de marcar el lanzamiento definitivo de la marca, al permitir aumentar la producción, que era en aquel momento el talón de Aquiles de la empresa.

© La Hispano-Suiza


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